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Pierre Bouaziz  Darmon – Director de Operaciones de Altin Cash Management Solutions.

Desde hace más de 5 años, la implantación de la reforma SEPA en Europa abre el camino a la puesta en marcha  de una central de pagos…

El proyecto está en marcha desde hace ya bastantes años (desde  2002 y, sobre todo, desde  2005 en el ámbito de la interoperabilidad)… Sin embargo, casi habíamos olvidado que  SEPA (Zona Única de Pagos en Euros), nacida de la voluntad de Europa de  crear un gran mercado de servicios de pago unificado por reglas e instrumentos comunes, ¡realmente avanza! En concreto, abarca tres grandes remodelaciones: las transferencias SCT (SEPA Credit Transfer),  las domiciliaciones SDD (SEPA Direct Debit) y, por último,  las tarjetas  SCF (SEPA Card Framework).

El de las transferencias SCT ha sido el primer cambio introducido. Es frecuente que las empresas lo consideren un esfuerzo adicional, ya que les obliga a realizar inversiones, principalmente en relación con su sistema de información, para respetar los nuevos estándares técnicos ―en particular, el uso del lenguaje XML―, los protocolos del tipo Iban  y la conexión a los nuevos soportes necesarios para estos intercambios como, por ejemplo, la red Swiftnet.

No obstante, y este fue el principal incentivo de los gobernantes europeos, existen importantes beneficios potenciales para los financieros de las empresas y, fundamentalmente, para los tesoreros, ya que la unificación de pagos y la racionalización de los intercambios electrónicos potencian la competencia entre entidades bancarias y, como consecuencia, una bajada de las comisiones y la mejora de los plazos. Hasta su implantación, las empresas que operaban a la vez en varios países del EEE debían abrir cuentas en cada uno de ellos, con el inconveniente de tener  reglas y formatos técnicos diferentes para efectuar y recibir pagos en las mismas. SEPA permite centralizar las operaciones en una sola cuenta, independientemente del país en el que se localice.

Por otro lado, resulta conveniente estructurar su implantación y, para ello, el concepto de Payment Factory está teniendo bastante éxito. De hecho, conviene resaltar aquí que la Directiva sobre servicios de pago y SEPA prevé, según la Comisión Europea, una reducción de los costes de los pagos en Europa del orden de los 50 000 millones de euros, lo cual implicará menos ingresos para los bancos. Como es lógico, estos últimos buscarán la manera de recuperar una parte de estos ingresos perdidos ―a los que hay que añadir los costes de actualización de sus propias infraestructuras técnicas, una cifra que se estima entre 9 000 y 17 000 millones de euros.

El concepto de hub aplicado a los pagos

¿Qué es una Payment Factory? En primer lugar, una solución informática que integra el concepto de hubs, popularizado en el ámbito de los transportes y las telecomunicaciones, para aplicarlo a los intercambios informáticos entre clientes, bancos y proveedores. Estos hubs pueden consistir en una simple yuxtaposición de módulos técnicos a los sistemas de información existentes, con el objetivo de optimizar los flujos entre ellos, así como agilizarlos y dotarlos de seguridad. También se pueden traducir en la creación o uso de un sistema completamente nuevo, al que convendrá conectar los flujos.

En cualquier caso, el tesorero puede emplear dichos sistemas para:

  • mejorar la visibilidad de la liquidez y de los riesgos;
  • disminuir los tratamientos manuales y redundantes mediante la ejecución automatizada y  secuenciada del procesamiento de los pagos, que puede iniciarse ya con el pedido y llegar hasta el cobro;
  • mejorar la gestión de la Fondo de Maniobra, empezando por las cuentas cliente, y,  la salud financiera de la empresa.

En concreto, la Payment Factory se presenta para el conjunto de los tesoreros de empresa como una solución concentrada a nivel corporativo. Se trata de decidir si este enfoque es, evidentemente, compatible con la oferta de aplicaciones  en modo SaaS (software as a service) desarrollados por editores como Kyriba. Por su parte, estos últimos se han esforzado en incorporar a su catálogo de servicios de conexión, también en modo SaaS, la red Swiftnet.

Una Payment Factory ofrece, al mismo tiempo, una respuesta a las necesidades de estandarización de los intercambios, sugerida por la reforma SEPA, y un horizonte para la centralización de dichas operaciones de pago. Por tanto, para desarrollar un proyecto de estas características, es importante que la empresa pase por una etapa inicial en la que  SEPA pasa de ser  un simple plan de adaptación a ser un cambio más profundo (nuevos formatos, nuevos protocolos, nuevo marco legal, etc.) y donde tienen cabida implantaciones muy diversas que pueden variar,  según el país. Por contra, la segunda etapa es la de la optimización, en la que el tesorero puede impulsar una renovación de su organización instaurando estas famosas «Factorías».

En los últimos años, las funciones de los tesoreros se han visto ampliadas, con el progreso de las tecnologías de la información y la comunicación, la inflación normativa y la mundialización de la economía como telón de fondo. Así, para los grupos que operan en el extranjero y a través de diversas filiales, resulta indispensable hoy en día disponer de soluciones que permitan la consolidación, la productividad y la supervisión de las operaciones. La Payment Factory se inscribe dentro de este amplio movimiento centralizador que tiene repercusión, al final, sobre el conjunto de la gestión de tesorería.

Un proyecto de estas características  debe estar respaldado por una segmentación y un calendario razonables. Por tanto, será preciso velar por la consecución de las etapas y objetivos siguientes:

  • Automatización y desmaterialización del máximo de procesos, una vez examinadas las posibilidades y el retorno de la inversión; en concreto, la adquisición desmaterializada de pedidos, la firma electrónica, la gestión automatizada de excepciones, etc.;
  • Separación del procesamiento de los pagos del resto del sistema de información con el objetivo de preparar tanto su optimización como el recurso a una solución de servicios de terceros (estandarización de los flujos);
  • Selección de los socios bancarios.
  • En último lugar, localización de las funciones centralizables o externalizables.

Para terminar, es preciso señalar que la puesta en marcha de una  Payment Factory aportará a todo el conjunto una reflexión sobre las necesidades de centralización y de control en lo que a gestión de tesorería se refiere, pero también en relación con la autonomía que es deseable otorgar a los tesoreros de las filiales, dado que la solución analizada permite, precisamente, ajustar esta perspectiva. Se trata de apuestas cruciales, por lo que es importante que las elecciones tecnológicas no se conviertan en un obstáculo, como consecuencia de bloqueos o retrasos, por ejemplo, durante el cambio de protocolos o la incorporación de funcionalidades. Esto justifica la aceptación cada vez mayor de las soluciones tecnológicas de  tesorería disponibles en el mercado, dado que los proveedores de dichas plataformas se pueden encargar de las actualizaciones técnicas y normativas mucho más rápidamente  que las direcciones informáticas, cuya atención también es requerida por muchos otros proyectos internos. Esta agilidad  en la actuación se acentúa para las soluciones en modo SaaS, ya que sus proveedores se ven todavía más presionados, por su modelo económico de facturación en función del uso, a efectuar dichas actualizaciones tan pronto como sea necesario.